LOST IN TRANSLATION: 5 consejos para adaptar musicales al español.

Una de las cosas que más tengo que agradecerle a la industria de talleres-montaje en Lima –aparte de darme a conocer el teatro musical y regalarme los amigos más entrañables del mundo– es haberme dado la oportunidad de adaptar al español una buena cantidad de musicales gringos que, en el circuito profesional, jamás habría trabajado. Los talleres-montaje son una forma de taller que tiene como objetivo principal el montar un musical completo en el transcurso de algunos meses, intercalando clases técnicas de cada rama (canto, baile y actuación) con ensayos de la obra. En el año 2013, fui convocado por primera vez como director vocal de un taller montaje. Mi trabajo era, básicamente, enseñarle a los alumnos a cantar a voces utilizando los arreglos corales de Wicked. Cuando recibí el libreto, se me hizo muy complicado utilizar las adaptaciones. No recuerdo si venían de Argentina, México o España, pero, contrariamente a lo que parecería, los problemas no radicaban en las diferencias del dialecto, sino en errores de métrica, de rimas, y de musicalidad. Como director vocal, mi material de trabajo era la partitura original, así que los errores solo se hicieron más evidentes. Por comodidad personal, quise corregir la adaptación, pero, con el pasar de los días, decidí adaptar las letras de Stephen Schwartz desde cero. Y así fue que descubrí una nueva pasión en mi vida.

Desde entonces, he reinterpretado las rimas de letristas tan excepcionales como Mel Brooks (The Producers), Fred Ebb (Cabaret), Howard Ashman (The Little Mermaid), Jonathan Larson (Rent), Brian Yorkey (Next To Normal), Stephen Sondheim (Sweeney Todd), entre varios otros. Cada autor tiene su propio lenguaje, sus propios parámetros y sus propias dificultades. Intentar adaptarlos es sumergirte en su proceso creativo. Por eso, cada musical ha sido un reto gigante: días enteros rehuyendo de las rimas asonantes para encontrar la rima perfecta, sin alterar la métrica original; semanas de lecturas en solitario –cantadas y actuadas– para probar la efectividad de la adaptación en la interpretación actoral. Yo no lo sabía en ese momento, pero, al mismo tiempo que me divertía como quien encuentra la cifra que falta en sudoku, también me entrenaba como letrista de teatro musical.

El caso es que, como suele suceder al ganar experiencia en algo, mientras más musicales trabajaba, más me hacía ruido la falta de cuidado en los detalles que tenían otras adaptaciones al español. Y no es que exista tal cosa como la adaptación perfecta. Cualquier adaptación solo puede reflejar una vaga idea de lo que fue la letra original. Algo parecido a que te cuenten una buena película: habrá quien te la cuente mejor que otros, pero nunca será igual que ir al cine. Sin embargo, los errores que veía –o escuchaba– eran, casi siempre, muy sencillos de corregir. Algunos prescindían de la musicalidad de las rimas para favorecer el sentido literal de la letra (simple flojera mental: siempre hay una rima que explica lo que quisiste decir en prosa). Otros encontraban la rima, pero forzaban la métrica para que la palabra entre de cualquier forma, atropellando la melodía del compositor (esto es, a veces, inevitable, considerando que el inglés está plagado de monosílabos cuyas traducciones al español pueden requerir mucho más espacio).

A continuación, haré una recopilación de los errores más comunes que he encontrado, todos acompañados de una breve recomendación. También he acompañado cada error con un ejemplo de algún musical que aún no se ha estrenado en Lima. Tanto las adaptaciones “mal hechas” como las sugeridas han sido escritas para este artículo.

1) Tratar de ser literal: No estamos traduciendo la letra, la estamos adaptando. No es necesario y tampoco es práctico ser literal, ya que puede llevarte, como ya mencioné anteriormente, a transgredir la métrica original de la melodía. Si te cruzas con una frase metafórica, lo mejor es entender lo que quiso expresar el autor con esa figura literaria y utilizar otra frase que sí pueda encajar en la métrica, aunque su significado no sea textualmente el mismo.

El ejemplo que vemos a continuación es de la canción “Losing My Mind” del musical “Follies”. En esta estrofa, Sondheim condensa un sinnúmero de significados con el verso “the coffee cup”, cuya traducción literal es “la taza de café”. En cuatro sílabas, nos transporta a la cocina, a la mañana, al desayuno, y al mismo tiempo nos construye la imagen agridulce de una mujer que mira el amanecer por su ventana, con una taza de café en las manos, mientras se disputa entre la esperanza y la resignación. En español, esto no funciona igual: “La taza de café” requiere de seis sílabas. Además, aunque quizás es un criterio demasiado subjetivo, el uso de artículos (“la”) y preposiciones (“de”), le resta musicalidad a la frase. Mi sugerencia es “pasé café”. Esta frase solo puede funcionar en Perú, pues en otros países hispanohablantes, el verbo pasar no se utiliza para referirse a la acción de preparar café. A pesar de que no condensa ni cercanamente todo lo que la frase original generó en mi mente cuando la escuché por primera vez, sí encaja y tiene musicalidad, además de contextualizarnos en la cocina, en la mañana y en el desayuno. En términos electorales, es el mal menor.

2) No respetar el ritmo original de la melodía: Mucha gente se toma la licencia de adaptar frases utilizando más sílabas que la versión original. Como expliqué en la introducción, esto solo puede ocurrir deformando la melodía del compositor. A veces no tenemos más remedio, pues estamos adaptando un idioma lleno de monosílabos, pero esto debería ser un último recurso en caso de emergencia y nunca debería ser nuestra primera opción.

El siguiente ejemplo es la canción “Changing My Major” del musical “Fun Home”. En esta brillante letra original de Lisa Kron, el personaje principal –Alison– nos cuenta su primera relación sexual. En este caso, la “adaptación incorrecta” transgrede con creces la cantidad de sílabas de la estrofa, por lo que la única manera de encajar dicha métrica en la melodía es forzando el ritmo original. Veamos solo el primer verso: “estuve tan excitada”, de ocho sílabas, debe calzar en la métrica de “I got so excited”, de seis sílabas. Para ello, necesitaremos alterar un poco el ritmo de las primeras notas de la melodía. El resultado nos daría una sonoridad parecida a “estuvé tan excitada”, atentando así contra la acentuación natural de la palabra y dificultando su entendimiento (de esto hablaré a profundidad más adelante).

3) No respetar el acento natural de las palabras en español: Si estás adaptando un musical, es necesario que tengas en cuenta que nadie del público va a leer el libreto. Todo lo que se cante debe ser entendido a la primera. Si eliges una palabra cuya acentuación natural no coincide con la acentuación de la melodía, podría ser confuso de entender para el espectador.

En el ejemplo siguiente uso la canción “Good Thing Going” del musical “Merrily We Roll Along”. Si bien “empezó como canción” tiene la misma cantidad de sílabas que “it started out like a song”, la acentuación melódica recae en la primera sílaba de “started”, por lo que el público lo escuchará como “en peso como canción”. Esto generará confusiones y distracciones.

4) No respetar las rimas: Hay una razón por la que el teatro musical está repleto de rimas. En su libro “Finishing The Hat”, Sondheim dice que es porque el espectador tiene una sola oportunidad de entender todo lo que se canta, entonces la rima ayuda a hilar las ideas entre los versos. Las rimas obligan al espectador a estar atento, pues requieren que participe de manera activa utilizando su memoria a corto plazo. Es importante que una adaptación respete las rimas que el autor propuso. No necesariamente rimas exactas o consonantes, ya que eso haría el trabajo de adaptación casi imposible, pero sí al menos rimas asonantes. Ojo: las rimas no siempre están en el final de cada verso. Hay que estar atento y escuchar detenidamente la letra para ubicarlas.

Por ejemplo en la canción “Company”* del musical homónimo, las rimas son internas. En este caso, el error sería solo respetar la repetición de la palabra “company” que a su vez funciona como rima final. En este ejemplo, el autor utiliza rimas exactas en tres sílabas de las seis que usa por verso gracias a los monosílabos (ver palabras en cursivas). En español, la única manera de acercarnos vagamente al mismo sentido es con rimas asonantes, es decir, rimas que solo coinciden en las vocales.

*Antes de continuar y utilizando esta misma canción de ejemplo, quisiera decir que es bastante controversial la decisión de adaptar o no al español el nombre del musical cuando se encuentra en una canción. Como en muchísimas otras cosas, mi postura sobre este tema es que depende. Si el nombre del musical se repite como un refrán, sin ninguna carga dramatúrgica, simplemente para dejar en claro que no nos hemos confundido de teatro, pues creo que no debería adaptarse el nombre al español (casos como Hair, Rent o Wicked). Sin embargo, hay ocasiones en las que el título del musical es, al mismo tiempo, parte importante de la dramaturgia que debe entender el espectador (casos como Sunday In The Park With George, Legally Blonde o Dear Evan Hansen). Ahí es imperativo que se encuentre una adaptación.

5) Usar en exceso el hipérbaton: Esto quiere decir, sobreutilizar la forma de hablar del maestro Yoda cambiando el orden convencional de las palabras en una oración. A veces, por salvaguardar la rima, el uso del hipérbaton puede ser bien recibido, pero cuando la adaptación está llena de este recurso, la canción adopta un carácter bastante infantil.

En el ejemplo siguiente uso el final del primer acto del musical “Les Misèrables”, llamado “One Day More”. Curiosamente, esta letra no es la original, ya que la versión en inglés es una adaptación de la versión en francés llamada “Le Grand Jour” (El Gran Día). Si bien en inglés la rima se descuidó un poco, aquí, para fines didácticos, he decidido rimar consonantemente esta estrofa, ya que en su versión original sí se respetó dicho recurso.

Unas últimas recomendaciones antes de irme:

-No elijas palabras demasiado rebuscadas, no solo porque el espectador puede no conocerlas, sino –sobre todo– porque muchas veces los personajes de esas historias jamás hablarían de esa forma. Recuerda que en los musicales, por lo general, las letras deben reflejar la cotidianidad del habla. Hazle la vida más fácil a tu público y también a los actores.

-Tómate tu tiempo. Adaptar un musical desde cero es muy entretenido, pero debes tener en cuenta que, para que sea un trabajo pulcro, puede requerir semanas o hasta meses de chamba. Lee, relee, nunca cierres una canción si no estás seguro de un verso. Piensa en todas las horas que invirtió el letrista original en encontrar esa palabrita mágica que suena tan perfecta en su idioma original.

-Encuentra un equipo de trabajo. El discernimiento de dos o más cabezas agiliza mucho el tiempo que se pierde debatiendo sobre si una idea es buena o no.

-Esta última es determinante: no esperes a la chamba remunerada para comenzar a trabajar. Si ya tienes material adaptado, revísalo nuevamente teniendo en cuenta estos consejos. Si aún no has comenzado y te da curiosidad, empieza hoy mismo a adaptar frases sueltas de canciones, no importa si no son de musicales. Y si no te da curiosidad y por algún capricho del destino estás obligado a hacerlo, busca ayuda. Este es un oficio exclusivo para obsesivos.

Apéndice:

Musicales citados:

  1. Follies (1971): Letra y música de Stephen Sondheim. Libreto de James Goldman.
  2. Fun Home (2015): Libreto y letra de Lisa Kron. Música de Jeanine Tesori.
  3. Merrily We Roll Along (1981): Letra y música de Stephen Sondheim. Libreto de George Furth.
  4. Company (1970): Letra y música de Stephen Sondheim. Libreto de George Furth.
  5. Les Misèrables (1980): Letra de Alain Boubill, música de Claude-Michel Schönberg. Libreto de ambos.
  6. Les Misèrables (1985): Adaptación al inglés de Herbet Kretzmer

Una colaboración de:

Sebastian Abad
Compositor, dramaturgo, actor –
Perú

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